sábado, 1 de octubre de 2016

Con una taza de café - Novena taza




Puso la cafetera a calentar al fuego. Era una vetusta cafetera metálica, de las que no necesitaban más que una buena lumbre bajo ellas para preparar un delicioso café humeante.
Su amada, seguía aún durmiendo apaciblemente, acurrucada bajo la calidez de las mantas. Fuera, los primeros vientos fríos del otoño se dejaban notar, desnudando impúdicamente las copas de los árboles de su traje de hoja en una caricia.
Cada mañana el mismo ritual, sirvió dos tazas de café, en unas tacitas con sus nombres. Escogió unas flores frescas del jardín que aún sobrevivían a la estación, para adornar una sencilla bandeja de porcelana, sobre la que colocó sendos croissants, junto con un platito de jamón y la mantequilla.
Llevaban casados cinco décadas, pero cada mañana, el anciano esperaba a que el aroma del café, despertara a su amada, aprovechando esos minutos, en que ella no lo sabía, para sencillamente contemplarla dormir, apaciblemente.
Cuando perezosamente despertaba, parpadeando, le devolvía la sonrisa y se inclinaba ligeramente sobre el borde del lecho para besarla.

domingo, 18 de septiembre de 2016

Con una taza de café - Octava taza



Visitaba regularmente aquella vetusta librería desde que era una niña. En aquel entonces, era su madre quien la acompañaba una vez al mes, con un presupuesto limitado, para comprar algunos de los libros que llevaba todo un mes codiciando en sus estanterías.
En aquel entonces, el librero era un hombre aún relativamente joven, con sus gafas de pasta, su sonrisa de dientes irregulares y sus cabellos castaños en batalla, al que envidiaba con todas sus ganas por tener acceso a todos esos para ella preciados tesoros.
Podía pasarse horas para escoger, a lo sumo, tres libros, que era para lo que daba su pequeño presupuesto, para todo un mes. Y siempre el bibliotecario, le regalaba un caramelo, algún dulce, o cuando hacía mucho frío, en pleno invierno, la invitaba a una taza de chocolate, que apenas podía sostener con sus manitas.
Veinte años después, era ya toda una mujer. Trabajaba como enfermera en un hospital de la localidad, pero mes tras mes, acudía puntual, a tomar una taza de café con el ya anciano librero, departiendo sobre las novedades y sus libros favoritos, como un abuelo bonachón, que recibe la visita mensual de su nietecita favorita.
Y nunca faltaba tras esa visita, un puñado de nuevos libros bajo el brazo.



sábado, 10 de septiembre de 2016

VIDEOBLOG - "Los cuentos a mi amor" - Recopilatorio de historias de amor

Videoblog donde el escritor altoaragonés José Miguel Biel, habla de su primera obra publicada, "Los cuentos a mi amor", editada por Casa Eolo (Huesca) , perteneciente al género de la literatura romántica, compuesto por una colección de 100 historias de amor.

Dónde comprar el libro (físico y electrónico)
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VIDEOBLOG - "Cor Draconis" - Novela de literatura fantástica






 Videoblog donde el escritor altoaragonés José Miguel Biel, habla de su primera novela publicada, "Cor Draconis", editada por Ediciones Atlantis, perteneciente al género de la literatura fantástica.

Dónde comprar el libro (físico y electrónico)
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jueves, 8 de septiembre de 2016

Con una taza de café - Séptima taza




Un beso, tan sólo un beso. Tan sólo una taza de café que habían compartido, en ese retirado local de La Habana, cuyo nombre casual ya ni siquiera recordaba.

En sus ojos ancianos recordaba la mirada de los ojos de ella. En su memoria tenía tatuado el olor de su piel bajo la caricia del sol. Sus hombros aún recordaban el tacto de los cabellos de ella en ese roce casual. 

Sus manos no habían olvidado el tacto de las de ella en el roce último antes de la despedida.

Sus oídos no habían olvidado, el sonido del te quiero que ella le regaló, el primero y el último, antes de perderse por las calles polvorientas de la ciudad, en ese vaivén de sus caderas, su rostro oculto bajo la sombra del sombrero de paja.

Y sus labios no habían olvidado el sabor de ese beso. No era sólo el sabor del café. Era su sabor, el de los labios de ella, que el café no había logrado arrebatar a sus recuerdos.

Cincuenta años habían pasado de ese beso, y aún seguía en cada taza de café, buscando reencontrar, el sabor de ese primer beso.