martes, 6 de septiembre de 2016

Cor Draconis - ¿Donde conseguir un ejemplar?

¿Dónde puedes conseguir mi novela de literatura fantástica "Cor Draconis?

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domingo, 4 de septiembre de 2016

Con una taza de café - Sexta taza


Despertó en la mañana, en su lecho, con el molesto pitido de la alarma del despertador, a centímetros escasos de su cabeza, en la mesilla de noche.
Un lunes. Una mañana de invierno. Las seis de la mañana. Fuera el ruido de la lluvia cayendo copiosamente. Lo que para cualquier mortal que se precie, sería un amanecer espantoso.
Tenía un trabajo de profesor, que le encantaba. Era su pasión, era para lo que había nacido. Pero no por ello le hacía ni pizca de gracia tener que madrugar.
Ella, a su lado en el lecho, con la cabeza apoyada en el velludo pecho de él, dejándose mecer por el vaivén de su pecho al respirar.
Trabaja como enfermera, y en par de horas comenzaba su turno hasta el mediodía en el centro de salud. Amaba su profesión, pero de ahí a salir de la calidez de la cama en una mañana así, había un trecho.
Pero una mirada de sus ojos castaños cuando se encontraban unos instantes, en ese café, con el que despertaban cada mañana, servido en una taza de caricias, endulzado con un beso que hacía dulce, hasta el más amargo de los amaneceres.

sábado, 27 de agosto de 2016

Con una taza de café - Quinta taza



Como cada mañana, bajaba a la cocina, tras el despertar, tras asearse y vestirse, para el desayuno.
En otro tiempo, era ese un gesto cotidiano, un gesto rutinario, al que no prestaba atención, un gesto en el que no reparaba, algo que realizaba de forma mecánica, irreflexiva, como parte de cada nuevo día.
Pero hubo un día, en que tras toda una joven vida de desayunos solitarios, ese momento, como tantos de su día a día, se habían convertido en una fuente de recuerdos.
Recordaba los días en que junto a su amada, el desayuno, marcaba el comienzo, marcaba el inicio, del día juntos, marcaba el inicio de todo un día por delante para los dos, o al menos, en el que podrían acompañarse al trabajo, para reencontrarse horas después, lejos de esa cruel distancia que los separaba.
El café no sabía igual sin la dulzura de sus besos. Los gofres con chocolate le sabían a cartón. La leche tenía un regusto agrio.
Miraba el reloj en la pared, ese reloj, que insistía siempre en discurrir demasiado lento, cuando tenía a su amada lejos de él, y demasiado rápido en cambio, cuando al fin estaban juntos de nuevo.



sábado, 6 de agosto de 2016

Presentación de la novela "Cor Draconis" - Let's Dog (Madrid) - Julio 2016

Con una taza de café - Cuarta taza



Tras la comida, el anciano matrimonio, se levantaron de la mesa, recogieron los platos sucios  y los demás cubiertos, que dejaron en el fregadero, antes de ponerse juntos a la tarea de fregarlos. Él los enjabonaba y aclaraba, y ella los secaba con un paño y los colocaba con mimo de vuelta en el armario. Era una vajilla que les habían regalado sus amigos y familiares en el día de su boda, tiempo atrás.
Y entre todos los cubiertos, había dos tazas, que para ellos tenían un significado muy especial. Las habían conseguido en sus años de noviazgo, en una tómbola, por mucho más coste del valor que realmente tenían, pero eso era lo de menos, lo que les importaba era el valor emocional, los recuerdos, los sentimientos, vinculados a ese sencillo objeto.
Prepararon sendas tazas de café capuchino, su predilecto, y los dos ancianos, se sentaron en su rincón del jardín, en un pequeño banco de hierro forjado, con cojines de colores para hacerlo más cómodo, a la sombra de los cerezos y almendros, saboreando la bebida, la cabeza de ella apoyada en el hombro de él, endulzando con  besos su bebida.
Y en esos momentos, sentían como si el mismo mundo se detuviera en la magia de ese instante juntos.