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domingo, 4 de septiembre de 2016

Con una taza de café - Sexta taza


Despertó en la mañana, en su lecho, con el molesto pitido de la alarma del despertador, a centímetros escasos de su cabeza, en la mesilla de noche.
Un lunes. Una mañana de invierno. Las seis de la mañana. Fuera el ruido de la lluvia cayendo copiosamente. Lo que para cualquier mortal que se precie, sería un amanecer espantoso.
Tenía un trabajo de profesor, que le encantaba. Era su pasión, era para lo que había nacido. Pero no por ello le hacía ni pizca de gracia tener que madrugar.
Ella, a su lado en el lecho, con la cabeza apoyada en el velludo pecho de él, dejándose mecer por el vaivén de su pecho al respirar.
Trabaja como enfermera, y en par de horas comenzaba su turno hasta el mediodía en el centro de salud. Amaba su profesión, pero de ahí a salir de la calidez de la cama en una mañana así, había un trecho.
Pero una mirada de sus ojos castaños cuando se encontraban unos instantes, en ese café, con el que despertaban cada mañana, servido en una taza de caricias, endulzado con un beso que hacía dulce, hasta el más amargo de los amaneceres.

jueves, 27 de agosto de 2015

BUENOS DIAS PRINCESA - AMANECER III

- Buenos días princesa - dice él, sentándose el borde de la cama, inclinándose sobre la niña, dándole un suave beso en la frente  descubriéndola ligeramente de la manta para que se despertara.
Después se giró, hacia el otro lado de la cama, besando en los labios a la mujer que dormía, en el otro lado.
- Buenos días mi reina - dijo, en apenas un susurro, despertando a la mujer.
Sobre la mesilla de noche, una bandeja con el desayuno.  Café para ella, zumo para la niña. Una bandeja de croissants aún calientes, mantequilla y mermelada.
Había estado trabajando toda la noche.  Era lo que tenía ser un guarda nocturno. pero cada mañana, cuando regresaba del trabajo, antes de ponerse el pijama y acostarse al menos unas horas, preparaba el desayuno para su esposa y su hija, antes de dales los buenos días en lecho.
Llegaba cansado del trabajo, con el cuerpo hecho polvo por los horarios antinaturales. Pero llegar a casa, poder contemplar a sus dos amores dormir en el lecho, hacía que todo lo demás perdiera importancia en ese momento.