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miércoles, 2 de septiembre de 2015

BUENAS NOCHES MI AMOR - NOCHE V



- Buenas noches mi amor - dice ella, mirando la profundidad negra del mar en la noche bajo el firmamento estrellado.
Su marido, marino de profesión, llevaba semanas enteras de navegación, con su barco pesquero, surcando el Atlántico.
Nunca se terminaba de acostumbrar a las despedidas, al tiempo separados, a las largas travesías, lejos el uno del otro, a la congoja, el miedo, de que esa sea la última travesía, de que su amado nunca más regresara a sus brazos.
Y cada noche, subía a los acantilados, cerca de donde tenían su casa, y contemplaba el mar, como las olas rompían en la playa y las rocas, esperando, con el corazón en un puño, ver aparecer las luces del barco, para correr al puerto, para abrazar a su enamorado.
Pero noche tras noche, volvía a la soledad del lecho, tras susurrar un "Buenas noches mi amor" al vacío del manto marino.
Pero al fin, cuando ya se iba a acostar, con una lágrima rodando por su mejillas, escucha una bocina desde el puerto, y ve, al girarse, las luces de un pequeño pesquero que se acercaba al puerto.


lunes, 24 de agosto de 2015

BUENAS NOCHES MI AMOR - NOCHE III

- Buenas noches mi amor - le dice ella, los dos sentados, en la playa.
Contemplando el ocaso, se dan un beso, sonríen. Ella apoya su cabeza en el hombro de él.
Su barco había naufragado hacía cerca de una semana. Los que parecía iba a ser un apacible crucero por el Caribe había terminado en tragedia. Nada sabían que había sido de los demás pasajeros.
La corriente, los había arrastrado a la deriva durante la noche, amaneciendo con los primeros rayos en esa isla.
La habían explorado, sin encontrar señales de vida humana. Afortunadamente, la isla era rica en árboles frutales y abundaba el pescado y el marisco a pocos metros de las playa, y en los acantilados rocosos.
Tenían una hamaca, de fibras trenzadas, los dos abrazados en ella, colgada entre dos árboles, viendo como el mar, moría en el horizonte.
Por primera vez estaban juntos, sin el teléfono, sin el ordenador, sin nadie interrumpiendo sus besos. Y la realidad, es que sentían, que podían quedarse para siempre, en esa solitaria isla, viviendo su amor.
Éstos pensamientos ocupaban su mente, mientras se quedaban dormidos en su hamaca de fibras.