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sábado, 28 de enero de 2017

Con una taza de café - Decimoséptima taza



Hacía una pausa, en las interminables horas de trabajo en la academia donde ejercía su labor como docente, para tomarse una taza de café y una barrita de cereales.
Ese ritual, le indicaba que estaba en el ecuador de su jornada de trabajo, que al menos, le restaban algunas horas menos, para poder ver su amada, para poder escuchar su voz, para poder sentirla un poco más cerca de él, aunque fuera con una pantalla de ordenador de por medio.
En su muñeca izquierda, las pulseras, llenas de recuerdos de los momentos compartidos junto a su amada. En el reloj, el lento discurrir de las horas sin ella, como si ese trozo de plástico negro se mofara de él, cada vez que lo miraba.
Sobre su cuello, el frío tacto metálico piel con piel, del colgante en forma de medio corazón, con el nombre de su amada grabado en él, de alguna forma le hacía sentir, que la tenía un poco más cerca de él, que un pedacito más de ella, le acompañaba donde quiera que fuera.
Tomó en ese momento su teléfono móvil, abrió la aplicación Whatsapp, y pulsó en el chat de su amada, apenas unos segundos el botón de grabación.
 - Te quiero – dijo tan solo esas dos palabras.


lunes, 18 de julio de 2016

Con una taza de café - Segunda taza

Despertó esa mañana con un portentoso bostezo. Un olor a adolescencia y a sudor en las sábanas de su estudio.
Había dejado la cafetera preparada en la noche, para que cuando nada más despertar en la mañana, fuera simplemente pulsar el botón para que el olor a café inundara la estancia.
Encendió el ordenador de su escritorio, tras servirse una taza de humeante café, negro como el carbón. Abrió el navegador, tecleó su dirección de correo electrónico y su contraseña.
Se llevó la taza a los labios y le dio un generoso sorbo, antes de pulsar el botón, para comentar a escribir un nuevo correo electrónico.
Buenos días mi amor
Nuevamente como cada mañana, cumplía con ese ritual, con su amada. Día tras día, confiaba, más allá de los kilómetros que los separaban, a aquellas pocas líneas, a ese mensajero virtual, los sentimientos del inmenso amor que por su amada sentía.
A la espera, de que al fin un día compartirían una taza de café, endulzada con besos, al fin sin más distancia entre los dos.




lunes, 24 de agosto de 2015

MICROBUBBLES - BURBUJAS DE CAFÉ - Nº4

Era por todos conocido, como el mayor maestro cafetero de su tiempo. Conocía las mejores mezclas, los mejores cafés de todo el mundo, sabía darle el tueste perfecto, la molienda justa, el agua hirviendo a la temperatura indicada, para crear ese exquisito néctar negro.
Amanecía un nuevo día sobre la tierra negra de los cafetales, suaves, oscuros, tan familiares para sus manos sarmentosas.
Los recorría con la mirada del veterano, inhalando el aroma del café aún verde en las plantas, que resaltaban en la oscuridad de la tierra.
Acercó su rostro a la oscura tierra, suave, cálida, inhalando su perfume, su perfume a lluvia recién caída, acercándola y besándola con sus labios, entre suspiros de viento.
Mientras, el sol amanecía un nuevo día sobre Cuba, más allá de la habitación, donde el anciano cafetero y su esposa, de piel oscura y ojos verdes, comenzaban el día abrazados en el lecho.